SALVADOR DEL MUNDO 2020

CALZADEÑOS EN EL A Aiún

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"Amigo quisiera cantarte una canción para aliviarte un poco el corazón..."

Un grupo de 80 alumnos y alumnas de la E.U. de Magisterio de C.Real partimos el 14 de febrero del 2008 desde la Terminal 4 de Barajas, impacientes, deseosos, temerosos pero a la vez emocionados por llegar a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, concretamente a la daira de Amgala, wilaya del Aaiún.

Luchamos contra el analfabetismo, enemigo de los pueblos, el cual los mantiene en la ignorancia y el atraso. Para lograr nuestro objetivo llevamos material escolar para poder utilizar en nuestras prácticas y después dejar allí.

Trabajamos durante días en las escuelas, aportando no sólo una pedagogía diferente, nuevos recursos metodológicos o actividades alternativas, sino también un soplo de vida, de aire nuevo, de noticias y de espíritus dispuestos a absorber todo cuanto fuera posible. De esta manera se fue dando forma a un proyecto educativo, a un intercambio cultural con esfuerzo e ilusión que terminó el día 29 de febrero del 2008 con la llegada a nuestro país.

"...anoche tuve un sueño, cuéntame."







Mi llegada al aeropuerto militar de Tinduf (Argelia) tuvo momentos de duda, incluso, por qué no decirlo, de miedo. Encontrarse con militares que te cacheaban por completo y que te hacían abrir las bolsas de viaje daba mucho respeto. Tomamos rumbo a la daira de Amgala tras un largo viaje en camión, viaje no muy placentero por la falta de carreteras y asientos.

Tras el recibimiento en el Ayuntamiento de Amgala se pasó a designar a cada familia un grupo de alumnos organizados con anterioridad en Ciudad Real. Me toca junto a 5 compañeros mas irnos hacia la casa de Ida, ésta será nuestra madre, nos saluda y nos lleva a nuestros aposentos.

Por la mañana después de haber dormido un poco, visitamos la daira para familiarizarnos con ella y así poder movernos con soltura cuando comiencen nuestras prácticas de enseñanza.

Durante nuestra visita por la daira, fuimos descubriendo el modo de vida del pueblo saharaui. Los niños nos pedían constantemente caramelos, como si fuésemos los Reyes Magos que pasaron por el Sahara para traer un poco de esperanza a sus vidas. Lamentablemente, no los éramos.

Esas calles sin carreteras, simplemente arena. Esas jaimas sin agua ni electricidad, simplemente bloques de barro. Esos techos sujetos con piedras, esas puertas (quien por suerte tenía), esos pozos (la mayoría secos) que dan abasto a las distintas familias..., simplemente pobreza.

Continuará ...

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